
Alex Rodríguez pasó sin pena ni gloria por la ciudad de Nueva York.
Lo contrataron para que marcara la diferencia en una nueva corona de los Yanquis y fracasó.
Alex será recordado como el jugador que intentó tumbar una bola al primera base en un juego entre Boston y Yanquis.
Será recordado como el jugador que engañó al tercera base de Toronto para que se le cayera una bola.
Será recordado también por sus líos en los bares nudistas y algunas visitas sitios de juego poker.
Será recordado por sus relaciones de muchacho con su compañero Derek Jeter.
Será recordado por haber sido colocado por Joe Torre como octavo bate en el playoff del 2006.
Será recordado como un mata-rallies, a excepción de lo que hizo en la serie regular de este año.
Brian Cashman explicó ayer lo que pasó en el fin de semana y la forma prepotente en que Alex y su agente manejaron ese caso.
Dice Cashman, y tiene razón, que cuando se habla de una diferencia de 30 millones que les tocaba cubrir a Texas, más otra fortuna que debían agregar al contrato de Alex, eso no se debía tratar de la noche a la mañana.
Todavía Alex tenía 10 más después de la Serie Mundial, pero prefirió irse de Nueva York por la puerta de atrás.
Realmente no merecía ser un Yankee.
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